domingo, 11 de abril de 2010

ETICA

ETICA
La ética, es una de las tantas ramas de la filosofía. Es aquella ciencia, ya que estudia las cosas por sus causas, de lo universal y necesario, que se dedica al estudio de los actos humanos. Pero aquellos que se realizan tanto por la voluntad y libertad absoluta, de la persona. Todo acto humano que no se realice por medio de la voluntad de la persona y que esté ausente de libertad, no ingresan en el estudio o campo de la ética.
Este es un punto relevante, ya que la ética, versa sobre el acto bien o mal realizado. Por lo mismo, si una persona actúa incorrectamente, pero lo hizo bajo presión o en ausencia de libertad, para escoger, no se puede hablar de un acto humano. Mejor dicho, de un acto humano incorrecto.
Pero para comprender un acto humano, primero hay que saber, que es el hombre. Y esta materia corresponde a la antropología. Otra rama de la filosofía. La cual estudia al hombre, como finalidad. De la cual se desprende, que el hombre es una unidad sustancial de cuerpo y alma. O sea, todo hombre posee un cuerpo y un alma. Por lo último, podemos señalar, que el ser humano es una fin en si mismo. Ya que el alma, lo provee de una dignidad intrínseca.
Tomando aquello y volviendo a la ética, el hombre está llamado a realizar actos buenos. Los cuales nos son guiados, por medio de la conciencia. La cual nos clarifica, que actos son correctos e incorrectos. Por lo mismo, es que debemos tender, a las virtudes. Las cuales son hábitos, que nos hacen más perfectos. Ya que toda rama de la filosofía, al igual que la ética, tienden a la perfección del hombre. A la finalidad de este, mirada desde una de estas ramas. Por qué las virtudes, ya que la ética señala, que la felicidad, es el fin último del ser humano. La cual se consigue, por medio de la perfección del actuar del hombre.
Por lo mismo, la conciencia nos dicta, que el ser justo, es lo correcto. Ya que frente a una injusticia, todos no sentimos pasados a llevar. Por lo mismo, tenderemos a ser justos. Pero un solo actuar, como justo, no cambia nada. Por ello, si ese acto, lo repetimos varias veces, se nos convertirá en un hábito. El cual, nos perfeccionará y nos hará felices. Por lo mismo, la ética, aún cuando es una rama de la filosofía, punto de partida, que comprende el amor por la sabiduría, o conocer por conocer, la ética es una ciencia práctica. Ya que por medio de ella, podremos guiar nuestros actos, hacia aquellos que nos hagan más virtuosos y felices.


ETICA PROFESIONAL
El profesional en su diario vivir no solo confronta problemas con relación a su trabajo, sino también en su profesión de día a día con las personas que le rodean, esto hace que muchas veces cometamos errores sin darnos cuenta que estamos pisando la línea d la moralidad y el diario vivir.
Desde la revolución francesa, donde se proclamó la igualdad de derechos, existen personas, hombres y mujeres que llevan en su carga la economía y la estabilidad de cualquier país. Desde tiempos muy antiguos nos hemos topado con diferentes profesiones y unto a estas siempre existen reglas que marcan y rigen el desempeño de dichas profesiones.
Los hombres y mujeres enfrentan problemas que de una manera u otra podrían poner en tela de juicio su debida conducta, muchas veces ellos mismos dudando de su propia profesionalidad, pero teniendo siempre en cuenta que existen desde tiempos remotos deberes y derechos que cada cual sabe donde clasificarse.
FORMACIÓN PROFESIONAL
Sabiendo que a uno se le concede la personalidad jurídica desde el momento del nacimiento "derechos y deberes" y a sabiendas también que se van desarrollando con el paso del tiempo. Nuestra vida se rige por diferentes pasos que hacen de cada individuo lo que sería en un futuro, entiéndase, pasar por las distintas etapas de conocimientos: escuela primaria, secundaria y en última grado, la universitaria.
Solo eso no basta, ya que esos conocimientos lo forman una generalidad de la vida y el profesional debe de saber combinar esa generalidad con su formación profesional.
Entiéndase, por formación profesional un alto grado de conocimiento que se le inculca a un individuo de la sociedad, dotándolo de un interés particular en su profesión que se va a reflejar en su desempeño diario de la vida.
CARÁCTER PROFESIONAL
El individuo al tener una presencia o personalidad variable, puede modificarse, es decir, puede engrandecer su ego, puede tener una sed inmensa de llegar a la perfección de su profesión, haciéndolo para el un modelo sin errores e inequívocos.
El carácter para el individuo en su profesión se refleja desde tiempos antiguos, ellos han experimentado un progreso en todos los tipos de ciencias, han conquistado y desarrollado experimentos que tiempos atrás hubieran sido inimaginables de realizar. El profesional sin carácter puede tender a caer en un modelo usado por cientos de profesionales, puede llegar a caer en lo que sería la mediocridad, siendo éste el título menos deseable para personas con aspiraciones en la vida.
El carácter no se forja solamente con un título, se hace día a día experimentando cambios, ideas, experiencias, se hace enfrentándose a la vida. En definitiva, el título es como el "adorno" de la profesión. No importa si lo tienes, lo importante es saberlo utilizar.
VOCACIÓN
La vocación es un deseo entrañable hacia lo que uno quiere convertirse en un futuro, a lo que uno quiere hacer por el resto de su vida, es algo que va enlazado y determinado por tus conocimientos generales. Un profesional que carezca de vocación, el proceso puede ser mas tardío y difícil para poder desarrollar sus conocimientos, a diferencia de un profesional que sienta una verdadera vocación.
ORIENTACIÓN PROFESIONAL
Cuando una persona o un individuo carezca del conocimiento o esté inseguro de la actividad que quiera realizar a nivel profesional puede asistirse de ayuda en o que es la orientación profesional, siendo este un proceso utilizado por personas capacitadas para ayudar a las personas a conocerse a sí mismos, a conocer el medio social en que viven y poder indicarle de cierta forma la actividad profesional que más le conviene a cada uno de ellos.
A mi parecer toda persona que vaya a ingresar a los estudios superiores debe de ir orientado hacia lo que esa persona realmente quiera y pueda aprender y ejecutar. Aunque una persona pueda tener una vocación determinada hacia "x" actividad profesional es necesario y recomendable que se oriente para darle más confianza y seguridad y para ponerle la contraparte y de esa manera poder reafirmar la convicción de esa persona hacia esa actividad.
COSTUMBRE
La costumbre son normas que crea una sociedad por su continuidad y que le dan un hecho jurídico palpable y tienen como las leyes, consecuencias cuando son violadas, el profesional no solamente debe regirse por su código de ética propio, sino que debe irse hacia un marco de costumbre, entendiendo que no todo lo que se viola esta escrito, ni todo lo que la sociedad repudia lo contiene las leyes.
El código de ética de cada profesional enmarca una serie de reglas, derechos y deberes que lo limitan y mantienen al margen de caer en errores profesionales y morales, al mismo tiempo guiándolos por el buen desempeño profesional.
Un profesional conlleva consigo una serie de hábitos y costumbres que lo ha adquirido durante toda su vida, no obstante a eso, no todo lo que uno realiza cotidianamente es correcto ante la sociedad, por lo que un profesional tiene que tener la capacidad moral e intelectual para poder diferenciar lo correcto e incorrecto de su profesión, ya que ejemplos tales como: decir buenos días, tener una sonrisa en la cara, ser solidario, ser buen compañero, son puntos que no están especificados en un código y no por eso limitan al profesional a realizarlo.
Responsabilidad
Se dice de una persona que es responsable cuando está obligada a responder de sus propios actos. Aunque algunos autores mantienen que la libertad es definida por la responsabilidad, la gran mayoría de estos están de acuerdo en que el fundamento de la responsabilidad es la libertad de la voluntad.
Una vez admitida la libertad que fundamenta la responsabilidad, se plantea todavía varias cuestiones importantes: ante todo, se trata de saber si la responsabilidad afecta solamente a algunos actos de la persona o bien si afecta a todos.
En segundo lugar se plantea el problema de los grados de responsabilidad y finalmente se plantea el problema de la entidad o entidades ante la cual es responsable (debe de ser de carácter personal).
El sentimiento de responsabilidad es un sentimiento personal que compromete a cada persona y le hace comprender que no puede simplemente abandonarse a sus conveniencias individuales.
Para mí, según las investigaciones que he recopilado de diversas fuentes he llegado a la conclusión del concepto de responsabilidad, el sentimiento de responsabilidad nace y se desarrolla a través de los años. Este sentido nos enseña la importancia de las cosas, a valorarlas y cuidarlas.
Todo individuo o persona lleva una responsabilidad sea personal o para otra, pero esta la lleva a cabo dependiendo de sus criterios.
Libertad
Es un privilegio de que gozan las personas, por vivir en un país libre y les permiten actuar como deseen. En este sentido, suele ser denominada libertad individual. El término se vincula a la soberanía de un país en su vertiente de ‘libertad nacional’.
Sin embargo una libertad desbordada haría imposible la convivencia humana, por lo que son necesarias e inevitables crear normas y leyes para hacer posible dicha convivencia. La libertad se define como el derecho de la persona a actuar sin restricciones siempre que sus actos no interfieran con los derechos equivalentes de otras personas.
La naturaleza y extensión de las limitaciones a la libertad, así como los medios para procurarlas, han creado importantes problemas a los autores y juristas de todos los tiempos. Casi todas las soluciones han pasado por el reconocimiento tradicional de la necesidad de que exista un gobierno, en cuanto grupo de personas investidas de autoridad para imponer las restricciones que se consideren necesarias. Más reciente es la tendencia que ha subrayado la conveniencia de definir legalmente la naturaleza de las limitaciones y su extensión.
La libertad conlleva la responsabilidad de elección, acto voluntario, espontaneidad, como margen de determinación, como ausencia de interferencia, como liberación frente a algo, como realización de una necesidad.
El concepto de libertad es pues sumamente complejo. El vocablo latino "libert" del que deriva libre. En este sentido, el hombre libre es el que es de condición no sometida o esclava. Se es libre cuando esta "vacante" o "disponible" para hacer algo por sí mismo.
La libertad es entonces la posibilidad de decidirse y, al decidirse de auto determinarse. Pero como el sentido de libre comporta el sentido de no ser esclavo la liberación ha que se refiere el ser libre puede referirse a muchas cosas por ejemplo, las pasiones.
Entonces una persona tiene total libertad de elegir una profesión que esté en un marco legal establecido, ya que la ilegalidad no es profesional.

CODIGO DE LA ETICA DE LAS RELACIONES PUBLICAS
Empezaré explicando qué es la ética y como se relaciona este término con el desarrollo de la actividad propia de los relaciones públicas.
La ética hace referencia a un sistema de valores por el que las personas son capaces de determinar lo que está bien, y lo que no lo está. Llegados a este punto empieza el problema de definir el límite de ese bien y de ese mal, es decir, como personas individuales que somos, cada uno con su carácter y su forma de pensar ¿quién nos puede asegurar que todo el mundo en un momento dado, y ante una situación concreta va a actuar de manera que a todos nos parezca bien o correcto?.
Contestando a esta cuestión surgieron en su día algunas normas de aceptabilidad desde el punto de vista de una organización, ya que si en el propio transcurso de nuestra vidas nos resulta difícil tomar decisiones acertadas, en un ámbito tan complejo como el de una empresa lo será el doble. Esta afirmación se basa en el hecho de que las actividades de relaciones públicas tienen que intentar satisfacer al interés público, al empresario, al código ético profesional de la organización y a sus propios valores personales.
Todos estos motivos hacen que la mayoría de las organizaciones profesionales tengan códigos de ética (también conocidos como códigos de conducta profesional o códigos deontológico), los más importantes o conocidos son:
• La Public Relations Society of America (PRSA): destaca por su antigüedad, 1950, y su proceso de aplicación, único entre todas las organizaciones de comunicación.
• La International Association of Business Communicators (IABC).
De estas dos organizaciones surge la cuestión y el dilema que se planteaba en el título de este ensayo, ya que cada una de ellas ha desarrollado su propio código de ética, seguido por sus respectivos miembros, pero emplean maneras o formas diferentes para incitar a su cumplimiento: uno es la imposición /sanción y el otro la educación /comunicación.
La PRSA, seguidora del primero de ellos con un procedimiento sancionador muy estructurado, tiene unos principios sobre los que basa su código. Estos se refieren a que sus miembros se comprometen a comportarse profesionalmente, con honestidad, precisión, justicia y responsabilidad ante el público, así como mejorar su competencia individual y su conocimiento. Ante el incumplimiento de alguna de estas condiciones la PRSA puede expulsar, suspender, censurar o reprimir a cualquiera de sus miembros.
La IABC, por su lado, parte del planteamiento educación /comunicación, es decir, para fomentar el cumplimiento de su código, emprenden campañas de comunicación globales, en lugar de imponer sanciones.
Este código está publicado en varios idiomas, y los reglamentos de la IABC, exigen que los artículos relativos a la ética y a la conducta profesional se publiquen en la revista mensual de la organización: “Communication World”.
Asimismo realiza sesiones de conducta ética, reuniones anuales, seminarios de conducta ética.
La Junta de Ética de la IABC también resuelve las cuestiones que se plantean sobre ética. Sin embargo, un portavoz de la IABC afirma que la organización nunca ha llegado a emprender acciones para suspender o expulsar a un miembro. Por el contrario, si un miembro desarrolla sus actividades profesionales de forma contraria al código, el procedimiento habitual consiste en tener una conversación informal con el mismo para señalar que áreas del código ha violado. Estas acciones suelen bastar.
Planteados ya los dos extremos de la cuestión a tratar, solo nos queda decidir de que parte nos encontramos.
Yo, personalmente, opto más por la segunda versión, es decir, por la que se basa en educación /comunicación. Para poder explicar mi decisión empezaré argumentando en contra del método sancionador de la PRSA.
Si bien es cierto que la posibilidad de ser amonestado, así como que sea anunciado públicamente que se han emprendido acciones contra uno, resulta ser un fuerte incentivo para decidir no violar el código ético, también es cierto que a mi no se me antoja tan atemorizante como para detener a aquellos que se dedican a llevar a cabo acciones de relaciones públicas ilícitas y deshonestas.
Esto queda demostrado completamente cuando observamos los datos de la Junta de Ética de la PRSA, que señala que en la actualidad investiga entre 15 y 20 casos anuales sobre supuestas violaciones de las prácticas éticas y profesionales. Aunque a la vez también afirma que casi todas terminan en un “callejón sin salida”, es decir, que no se llega a emprender ninguna acción.
La principal razón de esto es que la PRSA es una organización de pertenencia voluntaria que no tiene poder legal; si no tiene poder legal, no puede interrogar a testigos, ni ordenar que se presenten pruebas o incluso multar a los individuos que se niegan a cooperar; si no tiene poder para interrogar, ordenar y multar, sus miembros no le tendrán el respeto suficiente como para basar sus actividades, al cien por cien, a las directrices del código de esta organización.
Algunos críticos suelen quejarse porque afirman que este código no tiene vigor. Incluso un cínico, citado por el Ragan's PR Intelligence Report, llegó a afirmar: “Cuando se ve a la industria de las relaciones públicas hablar de ética es como observar a turistas en el extranjero, intentando hablar un lenguaje que a duras penas pueden entender. Parecen entusiasmados y sinceros, e incluso llegan a decir palabras correctas, pero no consiguen que tengan sentido”.
Otro motivo por lo que no parece la medida más adecuada es el simple hecho de utilizar la palabra prohibición, ya que me parece que este tipo de términos incitan y retan a la gente a saltárselo por la mera circunstancia de que este código se les presente como una imposición, no como una manera de actuar en el desarrollo de su trabajo.
Podemos comparar esta circunstancia con la situación real que se vive con la droga en nuestra sociedad.
El Gobierno y la sociedad en general, han estado siempre luchando para erradicar de una manera definitiva la droga. Sin embargo en todo el tiempo que llevan intentándolo aún no lo han logrado, es más, las estadísticas nos demuestran que el consumo cada vez es mayor y que cada cierto tiempo aparecen sustancias prohibidas nuevas (drogas de diseño por ejemplo).
Esto es debido, bajo mi punto de vista, a que la única explicación que se le ofrecía a los adolescentes para que no las tomaran era la pura prohibición, es decir, “eso es algo que está mal porque lo digo yo y sé de lo que hablo”, en consecuencia te lo prohíbo.
Bajo estas condiciones los jóvenes ven tan solo un reto más contra el cual revelarse, en la medida en que lo puede ser también el llegar tarde a casa, sin darse cuenta de las peligrosas consecuencias.
Pero de un tiempo a esta parte, podemos ver que las campañas publicitarias que tratan este tema están reconduciendo su comunicación centrándose más en que la solución no es la prohibición, sino que lo ideal es dar una educación adecuada a los niños desde que son pequeños, para que entiendan que aún siendo una elección personal, ya que depende sólo de ellos mismos, lo ideal es decir no.
Así este cambio de comunicación parece el cambio de un sistema de imposición /sanción, como el de la PRSA, a uno de educación /comunicación, como el de IABC.
Este ejemplo me parece adecuado además de para explicar porque el método de la PRSA no me parece adecuado, para decir al mismo tiempo porque el de la IABC sí.
Esta idea la comparten además gente tan sumergida en la profesión, y conocedora a la perfección de esta problemática, como pueden ser las asociaciones de profesionales, que consideran que el principal objetivo de dictar un código ético no consiste en obligar su cumplimiento, sino en educar e informar, enunciando normas de comportamiento que guiarán la conducta de sus miembros a lo largo de su vida profesional.
Y escribiendo la palabra profesional se me ocurre que a lo mejor el problema no venga sólo del hecho de si una persona ha elegido ejercer su profesión bien o mal, con lealtad y rigor o sin ambos. Sino que a lo mejor la raíz de todo este problema sea más profunda de lo que pensamos, y para solucionarlo tengamos que dar un vistazo atrás más largo hasta llegar a cuestionarnos:
• ¿Los relaciones públicas son verdaderos profesionales?.
• ¿Deberían tener una licencia las personas que quieran ejercer estas actividades de relaciones públicas?.
• ¿O quizás el tener una acreditación de un profesional constituyen una garantía suficiente de su capacitación y su integridad?.
Intentaré dar respuesta a las tres cuestiones dando mi punto de vista en cada una de ellas y al mismo tiempo el de los profesionales del sector.
Para dar respuesta a la primera incógnita encuentro tres posiciones claramente diferenciadas:
La primera es que a las relaciones públicas no las podemos calificar de profesión en el mismo sentido que, por ejemplo, la medicina o la abogacía.
La explicación a esta afirmación es que las relaciones públicas no tienen unos estándares aceptados de formación académica, ni un período estipulado de aprendizaje, así como leyes que determinen cuáles son los requisitos de admisión.
Además el término relaciones públicas siempre se ha asociado con personas que ejercían actividades muy heterogéneas, y que además nos ofrecen serías dudas en cuanto a su profesionalidad se refiere, es decir, la confusión sobre el profesionalismo aumenta con la dificultad de determinar qué es la práctica de las relaciones públicas.
Un veterano asesor llamado John F. Budd Jr. Apoyaba esta teoría cuando escribía refiriéndose a la actividad de los relaciones públicas, en el Public Relations Quarterly: “Actuamos como publicistas, pero hablamos como asesores. Nos comportamos como técnicos de la comunicación pero aspiramos a tomar decisiones de tipo político”.
Por otro lado se ha avanzado inmensamente en el desarrollo de teorías sobre las relaciones públicas, así como en la forma de realizar investigaciones y la publicación cada vez mayor de revistas especializadas.
Pero sin duda algo muy importante es que existe cada vez una literatura más extensa sobre el tema, y debemos decir que cuando hay escritores que se molestan en escribir sobre un tema, este se torna en algo más serio a los ojos de la gente. Por ejemplo la PRSA ha recopilado una síntesis sobre la cuestión que contiene más de 1.000 referencias bibliográficas.
Esto pasa a ser la segunda postura que da respuesta a la primera incógnita, y se encuentra a caballo entre los que dicen no a los relaciones públicas como profesionales y los que piensan todo lo contrario.
Así que seguimos en la idea de que los relaciones públicas no son profesionales plenos pero al mismo tiempo admitimos, como dice la PRSA, que lo más importante es que todo individuo se comporte como un profesional, y para que esto ocurra debería:
• Ser independiente.
• Ser responsable ante la sociedad y el interés público.
• Manifestar su preocupación por la competencia y honorabilidad de toda la profesión.
• Mostrar una elevada lealtad a los estándares de la profesión y a los colegas, más que a la persona que actualmente está contratando un servicio. El punto de referencia en toda actividad de relaciones públicas debiera ser los estándares de la profesión, y no los del cliente o el que contrata los servicios.
Si unimos esta idea de que profesional es la persona que cumple lo anteriormente explicado, con la idea expuesta al comienzo de este ensayo, me refiero al problema de la falta de ética de muchos relaciones públicas, vemos que uno de los grandes obstáculos al profesionalismo es la forma en que muchos profesionales se comportan en su trabajo.
Los profesionales tienden a tener unos valores más dirigidos hacia su carrera que valores profesionales. En otras palabras, otorgan más importancia a la seguridad de su puesto de trabajo, al prestigio de la organización, al nivel salarial y a obtener el reconocimiento de sus superiores que a los valores que he mostrado anteriormente.
Como ejemplo a esta afirmación señalar una encuesta de la IABC donde el 47 por ciento de los entrevistados respondieron de forma neutra o negativa cuando se les preguntó si dejarían su trabajo antes de actuar en contra de su ética profesional. Y el 55 por ciento consideró que “de alguna manera es ético” presentarse sin decir quién se es de verdad para poder lograr el objetivo. Sin embargo casi todos estuvieron de acuerdo en que la ética es importante y merece la pena analizar la cuestión.
La última postura defiende lo que se denomina “mentalidad de técnico”. Así se define el profesionalismo de manera estricta, como la capacidad de ser competente en un trabajo y ejercer la mecánica de la comunicación, incluso si la información ofrecida por la dirección o el cliente es de mal gusto, errónea, carece de documentación o es falsa.
Bajo estas posturas muchos profesionales llegan a afirmar que los relaciones públicas son como abogados en el tribunal de la opinión pública. Cualquiera tiene derecho a tener su propio punto de vista: independientemente que el relaciones públicas esté de acuerdo o no, el cliente o el que contrata tiene derecho a hacerse escuchar. Así el representante de relaciones públicas es un abogado al que se paga, igual que un abogado normal.
Bajo mi punto de vista, en este caso se rompieron claramente conductas éticas propias de una actividad de relaciones públicas.
Decir también en contra de la última postura, que defiende la igualdad entre un relaciones públicas y un abogado, que estos últimos no siempre aceptan un caso, sino que muchas veces rechazan a un cliente o dimiten de un caso porque dudan de la versión de su cliente.
Un hecho que abala esta idea es que los tribunales condenan cada vez más a las empresas de relaciones públicas responsables de la información que divulgan en nombre de un cliente. Ya no es aceptable defenderse con: “El cliente me dijo que lo hiciera”.
La segunda cuestión que planteaba si las personas que ejercen estas actividades deberían tener una licencia, podría ser un amago de solución a la falta de profesionalización de la que antes hablaba. En todo caso sería un intento de proteger a la profesión y al público de los oportunistas incompetentes que no tienen ni los conocimientos, ni el talento, ni sobre todo la ética requeridos.
Así el aceptar un sistema de licencias haría que sólo aquellos individuos que superan rígidos exámenes y pruebas sobre su integridad personal podrían denominarse asesores en relaciones públicas.
Pero la realidad y la puesta en práctica no es tan fácil. Existen argumentos a favor y en contra.
Los que están a favor de una licencia obligatoria alegan que:
• Permitiría definir la práctica de las relaciones públicas.
• Establecería estándares éticos y profesionales homogéneos.
• Permitiría retirar la licencia a aquellos que violaran las normas éticas.
• Protegería al consumidor de los servicios de relaciones públicas de los impostores y charlatanes.
• Protegería a los profesionales de una competencia injusta.
• Mejoraría la credibilidad de los relaciones públicas.
Aunque casi todo lo expuesto parecen ventajas claras también existen argumentos en contra de las licencias y a favor de mantener la confianza en el planteamiento voluntario de la ética:
• Es difícil definir las relaciones públicas por lo que los parámetros para poder alcanzar la licencia podrían ser difusos e injustos.
• Las licencias sólo garantizan unos estándares profesionales y de competencia mínimos, no garantizan necesariamente un comportamiento más ético.
• La credibilidad y es estatus de una profesión no quedan necesariamente garantizados mediante las licencias.
Como se puede ver hay opiniones para todos los gustos, aunque sí que es cierto que en general son más a favor de la no existencia de licencias.
Por ejemplo la PRSA sobre las licencias concluyó que “el código ético y el sentido de moralidad profesional y pública deben ser mantenidos por los profesionales de las relaciones públicas y no se puede delegar en el gobierno. Además la moral, puede mantenerse mediante la disciplina impuesta a partir de un código, pero no se puede legislar”
No solo la PRSA está en contra, sino también el público y la industria de relaciones públicas.
La alternativa con la que muchos colectivos nacionales de relaciones públicas están de acuerdo y promueven, es la de las acreditaciones, que es la tercera de mis incógnitas. Esta acreditación supone un sello de autenticidad para quien lo posea y esto debieron pensar asociaciones como la PRSA y la IABC, entre otras, porque crearon programas de acreditación. Así igual que en otras profesiones, los relaciones públicas reciben acreditación si han alcanzado un elevado grado de experiencia, competencia y comportamiento ético.
CONCLUSIONES
• La ética ha de aplicarse en las actividades de las relaciones públicas sin excepción y el mejor método para hacerlo es la comunicación y educación, nunca la sanción.
• La profesionalización del sector es un tema pendiente que se ha de solucionar con una buena realización de las actividades, basadas en la honestidad.
• Para proteger a la profesión y al público de los oportunistas de turno lo bueno es un sistema de acreditación y no un sistema de licencias como se podría pensar en un primer momento.

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